La intención de este manifiesto es iluminar de una vez por todas las sombras problemáticas de nuestra lucha, ahondar en el por qué de tanto fracaso, de tanta súplica, de tanta deserción. En las siguientes líneas no hallará el lector más que una provocación, cualidad necesaria de toda juventud que se precie, de toda lucha que se alumbre. Este manifiesto resulta ser una oda a todos los espíritus provocados, provocativos, a los no muertos, a los enfermos terminales cansados de tanto dolor, y al mundo que late verdadero detrás del inframundo en el que cada vez con más dificultad sobrevivimos los vivos. Prohíbo a los no amantes de la vida adentrarse en las entrañas del siguiente manifiesto, he decidido despreciar a los que ya están muertos.
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